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El legado que nos deja la historia, si se estudia, son
sus lecciones. El siglo XX ha sido demasiado pródigo en impartir enseñanzas,
que en muchos casos harían perder la fe en el futuro de la humanidad. La
experiencia que recogieron y difundieron sus protagonistas es muy valiosa y qué
duda cabe que se ha podido difundir mucho más que las obtenidas por antepasados
de tiempos pretéritos. Pero ineludiblemente sus enseñanzas se diluyen
en el tiempo y siempre deberemos recordarlas.
Una de las interesantes lecciones de historia reciente la transmiten los
últimos testigos de su estancia en los campos de exterminio que organizaron
los nazis por media Europa. En ellos no sólo murieron millones de judíos
y opositores al régimen nazi, sino personas de decenas de nacionalidades
y muy diferentes credos políticos. Un testigo y superviviente de aquella
época inicua de la humanidad fue Mariano Constante, oscense y combatiente
republicano que terminó luchando en la Segunda Guerra Mundial y que ha
publicado numerosos libros con sus experiencias en ambas(1).
En 1979 copublicó el libro "El triángulo azul", junto
a Manuel Razola. En el pueden leerse sus experiencias y cómo
a pesar de las penosas circunstancias de su vida allí consiguieron elaborar
pequeños grupos de auto ayuda y defensa. Publicaron también una
lista de los españoles muertos en el campo, elaborada por la Amicale
Mauthausen (la asociación de ex presos del campo), con documentos
incautados a los nazis. Constan miles de personas, junto a su lugar de procedencia
y fecha de óbito.
Dicha lista no se puede considerar exhaustiva, ya que según los autores
faltan todos los asesinados antes de entrar en Mauthausen, que según el
estudio, fueron muy numerosos. El campo de Mauthausen se creó con la única
finalidad de dedicarlo al exterminio total. En él perecieron las
dos terceras partes de los deportados españoles.
Más recientemente, la periodista Marián Rebolledo se hacía
eco de la lista en un artículo publicado el 7 de mayo de 1995 en el diario
Heraldo de Aragón. El artículo, aunque colaboró
a su público conocimiento, no pudo ser exhaustivo puesto que sólo
figuran los que se identificaron como aragoneses al llegar al campo, (muchos de
los que faltan aparecerán como originarios de Barcelona porque procedían
de esta ciudad, aunque habían nacido en Aragón), y en cualquier
caso, también faltan algunas personas, omitidas seguramente por error,
ya que figuraban en la lista original, que es la que hemos utilizado en este trabajo.
En dichas listas aparecen nombres de antiguos vecinos de Huesa, Loscos, Monforte
de Moyuela, Nogueras, Rudilla, Moyuela, Moneva, Blesa y otros pueblos. Hemos
recopilado los nombres de los asesinados procedentes de todos los pueblos turolenses
de la cuenca alta del Aguasvivas, hasta los pueblos zaragozanos de Herrera de
los Navarros, Moyuela y Moneva por el norte.
En la lista original aparecen frecuentes errores de transcripción. Por
ejemplo, de los blesinos que figuran, dos de ellos están erróneamente
transcritos, así como el único huesino(2).
| Procedencia |
Asesinado |
Fecha de la muerte |
| Allueva (T) |
Blasco Lahoz, Basilio |
19/7/41 |
| Anadón (T) |
Pradas Burriel, Lorenzo |
28/1/42 |
| Blesa (T) |
Balaguer Crespo, Miguel |
19/1/43 |
| Blesa (T) |
Loma Lacasa, Sertorio |
30/11/41 |
| Blesa (T) |
Royo Allueva, Joaquín |
14/11/41 |
| Herrera de los Navarros (Z) |
García Lucia, Pedro |
6/11/41 |
| Huesa del Común (T) |
Gracia Romanci, Miguel |
15/1/42 |
| Loscos (T) |
Andrés Jaulín, Francisco |
29/11/41 |
| Loscos (T) |
Gracia Herrando, Rudesindo |
8/11/41 |
| Monforte de Moyuela (T) |
Esteban Lacasa, Francisco |
11/9/41 |
| Moyuela (Z) |
Aznar Gracia, Antonio |
29/9/41 |
| Moyuela (Z) |
Bernal Navarro, Matías |
15/7/41 |
| Moyuela (Z) |
Bordobada Hueso, Jerónimo |
9/11/41 |
| Moyuela (Z) |
Crespo Bordonada, Joaquín |
29/9/41 |
| Moyuela (Z) |
Cubero Royo, José |
24/9/41 |
| Moyuela (Z) |
Pina Gálvez, Manuel |
7/1/42 |
| Moyuela (Z) |
Soriano Vaquero, Santos |
15/10/41 |
| Moyuela (Z) |
Vaquero Bernal, Joaquín |
13/10/41 |
| Moneva (Z) |
Artal Paracuellos, Aniceto |
27/10/41 |
| Plou (T) |
Lou Ripollés, Joaquín |
6/11/41 |
| Rudilla (T) |
Tello Monterde, Lucas |
28/8/41 |
| Salcedillo (T) |
Martín Boira, Juan |
7/8/41 |
| Segura de Baños (T) |
Alegre Velenguer, Domingo |
6/9/41 |
| Segura de Baños (T) |
Aranda Gimeno, Segundo |
18/11/41 |
| Segura de Baños (T) |
Berenguer Pérez, Luis |
20/4/41 |
| Segura de Baños (T) |
Gadea Valiente, Felipe |
24/9/41 |
| Segura de Baños (T) |
Prats Andreu, Tomás |
6/11/41 |
| Villar de los Navarros (Z) |
Latorre Herrando, Antonio |
15/11/41 |
Todos ellos murieron el kommando de Gusen, una parte separada, dentro del complejo
del campo de Mauthausen. Este campo de exterminio fue creado en 1938 como consecuencia
de la anexión de Austria al Tercer Reich. A lo largo de la guerra utilizaron
a los prisioneros como mano de obra en la construcción del mismo campo,
la extracción de piedra en la cantera, e incluso los habitantes de pueblos
cercanos para trabajar en sus granjas; muchos fueron víctimas de experimentos
médicos. El primer convoy de españoles llegó el 6 de agosto
de 1940. De los 12.000 republicanos españoles deportados, 10.000 fueron
exterminados, con la connivencia de las autoridades franquistas españolas
en varios de los campos existentes, la mayoría en Mauthausen.
Por supuesto esta lista no incluye a todos los españoles que estuvieron
en Mauthausen. Un pequeño porcentaje sobrevivió a aquella matanza
sistemática. Llama la atención el que, de una zona de Teruel y Zaragoza
que ahora tiene tan exigua población, aportara tantos muertos a esta faceta
de última guerra mundial. Pero el sentimiento que crece dentro de nosotros
por la cercanía de estos muertos nos debe servir para recordar a los millones
de personas, de miles de pueblos de toda Europa, que murieron en aquella debacle
gratuita, desencadenada por un país civilizado en una época de debilidad.
Sólo tenemos que mirar atrás unas pocas décadas para analizar
como comenzó todo.
José Magallón, superviviente del holocausto, lo sabía
porque lo vivió y nos quiso legar una advertencia sobre los actuales grupos
a los que se les permite cierta impunidad tanto en sus manifestaciones estéticas
como en sus actos delictivos o criminales, ocasionalmente efectuados contra personas,
sólo en razón de su aspecto externo o ideología. Los
violentos son la raíz del problema y no su solución.
La historia de los campos no se compone de listas de nombres y cifras de millares
de muertos, es un conjunto de millones de tragedias individuales que sin duda
merecen ser contadas para dar testimonio de la grandeza y la bajeza de que es
capaz el ser humano aun viviendo situaciones al límite.
A continuación podemos leer su testimonio en la excelente entrevista
que le realizó el periodista Manuel Curdi en 1995. Podemos
considerarnos afortunados y estarle agradecidos por legarnos a todos parte de
la experiencia vital de José Magallón Artigas, conocido familiarmente
en Blesa por el apelativo de tío Campana, que murió en 1997.

José Magallón
Superviviente de los campos de exterminio nazis de Mauthausen
y Ebensée.
Prisionero entre 1939 y 1945
por Manuel Curdi
José Magallón fue hecho prisionero por
el ejército alemán durante el desastre de Dunquerque. Según
afirma, no se imaginaba para nada lo que iba a pasar durante los cinco años
que permaneció en los campos de exterminio de Mauthausen y Ebensée.
Ahora, desde su pueblo natal de Blesa (Teruel) cuenta medio siglo después
sus experiencias durante el cautiverio y afirma que los jóvenes que intentan
resucitar el nazismo no saben lo que hacen.
¿Cómo sobrevivir durante cinco
años en campos de exterminio?
- Simplemente ir viviendo y no llamar la atención. Entramos 10.000
españoles y, sin que nadie fuera fusilado, a base de hambre y palizas,
sólo salimos 1.800 con vida. (José se encoge de hombros)
Tuve suerte, muchísima, y buenos amigos. A los que llevábamos
el triángulo azul, que significaba inmigrante, nos trataban mejor.
A los republicanos, nos tenían algo de respeto porque decían
que habíamos luchado contra el mundo entero.
- El apoyo en una situación así
de los demás prisioneros debía ser fundamental.
- Sin los que me ayudaron no estaría vivo. Luego, yo mismo tuve
la oportunidad de salvar a otras personas. Sin embargo, en los campos no
era todo compañerismo, había mucha gente que sólo
pensaba en salvar la pelleja.
- ¿Por ejemplo?
- Los que llamábamos cabos de vara. Eran presos con privilegios
que ejercían de vigilantes. A mí me ofrecieron este cargo
cuando entré en el campo de Ebensée, pero lo rechacé
alegando que no había aprendido el suficiente alemán para
entenderme.
- Usted ya llevaba cuatro años prisionero.
- Sí, el jefe de presos que me lo ofreció dijo que era
un parrita, que quiere decir tonto. A los pocos días me
ofreció un puesto en las cocinas y, claro, acepté. El jefe
se me quedó mirando y riéndose me dijo: "Conque para dar
palos no sabes alemán y para estar cerca de la comida sí,
¿eh?" La verdad, yo me defendía muy bien, pero tenía
claro que no le pegaría a ningún compañero.
- ¿A usted, en cambio, le pegaron alguna vez?
- Sí, recuerdo dos buenas palizas. La primera vez me pillaron
dando un plato de comida a un polaco de 14 años. La segunda me acusaron
de robar un poco de harina frita y los 25 golpes en el trasero con una
vara de alambre forrada de goma no me los quitó nadie. Aquel sargento,
Schütz se llamaba, me hizo poner el culo en pito y contar los golpes
en alemán. Luego se averiguó que no había sido yo.
Schütz me dio la vara y me dijo que le pegara al verdadero culpable.
Me negué, pero los rusos del barracón le dieron tal paliza
que no volvimos a ver al ladrón.
- ¿Intentaban deshumanizarlos?
- Desde luego, y, a menudo, lo lograban. Para empezar, yo no era José
Magallón sino el preso 4.638. Los guardias te trataban peor que
un animal, como si no existieras o no merecieras su atención. Eso
era casi lo que más dolía. Las mismas reglas del campo te
deshumanizaban. Por ejemplo, cada día, en la cantera de Mauthausen,
dos judíos escogidos al azar eran enviados a cada uno de los cuatro
nidos de ametralladora que nos vigilaban. Los hombres que subían
los cadáveres, con los números de preso de los muertos, tenían
derecho a su ración de agua sucia y pan del día. Claro,
había bofetadas por ese privilegio.
- El que las víctimas fueran escogidas
sin ninguna razón aparente sería una fuerte presión
psicológica.
- Era algo asumido. Cuando nos cogieron como prisioneros de guerra no
podíamos imaginarnos ni remotamente lo que íbamos a pasar.
Al final, teníamos un dicho "Heute gut, Morgen kaputt", "hoy bien,
mañana muerto". Teníamos asumido que si los aliados no nos
liberaban, aquello no lo contábamos. Muchos no podían resistirlo
y se tiraban contra la valla electrificada.
- Es duro que un compañero se suicide
a fuerza de desesperación.
- Los mismos SS designaban cada día a unos cuantos que esa noche
se tenían que ahorcar. Durante todo el día los vigilantes
les molían a palizas y a la ahora de comer en lugar de la ración
les daban un pedazo de cuerda. Nadie resistía.
- ¿Los oficiales y los vigilantes creían
en lo que hacían?
- La mayoría sí, los SS y los Gestapo hacían ciegamente
lo que les mandaban y estaban orgullosos de su trabajo. Incluso los mismos
criminales alemanes que estaban presos creían en Hitler. Cuando
se dieron cuenta de que perdían la guerra, algunos cambiaron y eran
más blandos. Sin embargo, dentro de la Wermatch, el ejército
regular, había gente diferente. Recuerdo cuando fuimos hechos prisioneros
en Dunquerque por una compañía austríaca. Eran personas
muy buenas y sencillas. Los de la cantera eran verdaderos demonios.
- El comandante de Ebensée quiso terminar
su labor en los últimos días.
- Sí, los prisioneros sabíamos cómo iba la guerra.
En el 45, hacía ya mucho tiempo que no nos enseñaban mapas
con las últimas conquistas y un joven checo tenía una radio
clandestina. El comandante dijo que (José se pone firme en la
silla e imita un cortante acento alemán) "lucharemos hasta el
último cartucho". Querían meternos en la mina y luego volarla.
Nos negamos a entrar, nos apiñamos armados con cuchillos robados
en las cocinas y gracias a que la mitad de los oficiales se pusieron en
contra de la masacre nos salvamos.
- Ahora mismo, hay jóvenes que intentan
recobrar esta ideología. ¿Cree que saben lo que hacen?
- Si esos cabezas rapadas tuvieran idea de lo que pasó en los
campos, no actuarían así. A veces, pienso que a lo mejor
haría falta cascarles leña para que no vuelva a pasar lo
mismo.
- ¿Cómo fue el momento de la
liberación?
- De alegría, (José queda callado un momento mirando
hacia el vacío). No he llorado más en mi vida. Hacía
unos días que los nazis habían huido y el ejército
regular no nos maltrataba pero tampoco nos alimentaba porque, la verdad,
no tenían comida ni para ellos. Cuando aparecieron los americanos...
No sé describirlo, los que mayor impresión se llevaron fueron
ellos al ver lo que habíamos pasado y cómo estábamos.
- ¿Cuál fue el peor momento?
- En 1940, estuvieron 7 meses haciendo experimentos médicos con
nosotros. No nos daban ni pan, ni sal, ni grasa y nos tenían a trabajos
forzados. Cada semana nos pesaban para ver cuánto más podríamos
aguantar sin reventar. Llegué a pesar 48 kilos, mientras mi
peso estaba en los 78.
- Estaría irreconocible.
- Y tanto. Recuerdo que otro mozo del pueblo fue capturado a los pocos
meses. Un día que estaba en el barracón 16 oí como
me llamaban, "José, José, ¿qué haces?" "Aquí
estoy largo", le contesté, "pero, ¿quién eres?" "Martín",
me dijo. Hay que joderse, no le reconocía: "Pero, tú que
has sido siempre tan colorado y tan royo y ahora estás tan blanco,
¿qué te ha pasado?", le pregunté. "Pues anda que si
te vieras tú", me dijo, "que pareces la muerte en cueros". (José
ríe mientras suelta un juramento que haría enrojecer a un
marinero), imagínate lo delgadicos que estábamos.
- ¿Qué se piensa en esos momentos?
- Absolutamente nada. Cuando daban por la noche la orden de silencio
o te dormías o hacías planes para coger un trabajo bueno
al día siguiente o hacerte con una hoja de col. En salir no se pensaba,
en la familia tampoco. En cinco años sólo pude escribir una
carta.
- ¿Y el momento en el que más
cerca estuvo de ser asesinado?
- No fue un momento sino un buen rato. El cabo de cada barraca era el
encargado de guardar el pan. Todas las noches, cuando se apagaban las luces,
me levantaba y robaba lo que podía, y, como yo, otros. Una noche,
el cabo metió tinta en el pan. Por la mañana me levanté
antes que los demás porque un sargento me había encargado
algo. Cuando volví todos los que tenían la boca manchada
de tinta estaban muertos. A mí, después de pasear por todo
el campo marcado con la muerte, me avisó un chico de Calanda. Me
hizo estar lavándome hasta que no quedó ni rastro. Hacía
falta suerte para sobrevivir.
Blesa (Teruel)
Publicado en El Periódico de Aragón,
el domingo, 24 de septiembre de 1995
(Reproducido con permiso y por gentileza del Periódico de Aragón)
A modo de epílogo.
Para no dejar cabos sueltos en la narración de
nuestros protagonistas, Martín al que José mencionaba en una respuesta,
que también era de Blesa, y cuyo nombre completo es Martín Pérez
Legua, también sobrevivió al holocausto. Martín murió
el pasado 27 de abril de 2000 a los 94 años. Era, al parecer, el
último de los blesinos supervivientes del campo de exterminio de Mauthausen.
También guardamos constancia de que otro blesino fue prisionero allí
y sobrevivió a la terrible experiencia de los campos de exterminio nazis:
Jesús Pérez.
Quien sabe cuántos hombres de nuestros pueblos sobrevivieron al holocausto,
y si quedarán otros que nos puedan narrar sus experiencias antes de que
estas mueran con ellos. La labor de recopilación de sus nombres y sus recuerdos
es sin duda una de las labores que las asociaciones culturales deberían
emprender con urgencia.
El campo de exterminio de Mauthausen aún se conserva aunque no en toda
su magnitud y puede visitarse. Quienes lo han visitado cuentan que no es posible
hacerlo con la indiferencia del turista, que no pueden abstraerse al recuerdo
de lo que allí ocurrió, la muerte que impregna aquellos lugares,
la frialdad de sus muros y suelos empedrados en gris, los pocos barracones conservados,
las fotografías de los prisioneros tomadas por los propios SS, los monumentos
levantados por muchos países en la antigua cantera, los relatos que oyes
en la visita, la contemplación de los hornos crematorios con que lindaban
los barracones... los artículos elaborados con la piel de los cadáveres;
una lección para la humanidad y para que cada uno de nosotros sepa reconocer
el destino que nos deparan los proclamadores de las espurias purezas raciales,
religiosas o políticas.
"Triángulo azul: los republicanos españoles en Mauthausen,
1940-1945", por Manuel Razola, Mariano Constante Campo; con la colaboración
de Patricio Serrano. Barcelona: Península, 1979 (330 p.).
Colección: Ediciones de Bolsillo; 544: Opinión e Informe.
Este libro es muy difícil de encontrar y esperemos que algún
día se reedite con las correcciones apuntadas.
En Internet dispone de una página personal dedicada a recopilar
artículos sobre la guerra y los testimonios de los prisioneros en
campos de concentración, entre otros asuntos en:
www.ctv.es/USERS/ceibm
1.- A pesar de su avanzada edad ofrece numerosas conferencias
y contesta a la correspondencia que recibe como uno de los responsables de la
la asociación de ex-prisioneros "Amical Mauthausen".
2.- Según corrigió el vecino de Blesa, Tomás
Sanz, los nombres de los blesinos son los que hemos escrito arriba, en lugar de
los siguientes que aparecían incorrectos en la lista publicada en el libro:
Miguel Belenguer Crespo en lugar de Miguel Balaguer Crespo
Sertorio Lomba Lacasa en lugar de Sertorio Loma Lacasa
También nos corrigió el nombre de un huesino que aparece en la lista
del artículo de Heraldo:
Miguel Gracia Romance en lugar de Miguel Gracia Romanci.
Última actualización: 12 de enero de 2002
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