Aragoneses en Mauthausen

(provenientes de los pueblos de la cuenca alta del Aguasvivas)

Historia

Temas de Albayar ·

(C)2002. Coordinadora de Asociaciones Culturales Alto Aguasvivas (en www.albayar.info)

por F. Javier Lozano Allueva y Manuel Curdi

 

 

El legado que nos deja la historia, si se estudia, son sus lecciones. El siglo XX ha sido demasiado pródigo en impartir enseñanzas, que en muchos casos harían perder la fe en el futuro de la humanidad. La experiencia que recogieron y difundieron sus protagonistas es muy valiosa y qué duda cabe que se ha podido difundir mucho más que las obtenidas por antepasados de tiempos pretéritos. Pero ineludiblemente sus enseñanzas se diluyen en el tiempo y siempre deberemos recordarlas.

Una de las interesantes lecciones de historia reciente la transmiten los últimos testigos de su estancia en los campos de exterminio que organizaron los nazis por media Europa. En ellos no sólo murieron millones de judíos y opositores al régimen nazi, sino personas de decenas de nacionalidades y muy diferentes credos políticos. Un testigo y superviviente de aquella época inicua de la humanidad fue Mariano Constante, oscense y combatiente republicano que terminó luchando en la Segunda Guerra Mundial y que ha publicado numerosos libros con sus experiencias en ambas(1). En 1979 copublicó el libro "El triángulo azul", junto a Manuel Razola.  En el pueden leerse sus experiencias y cómo a pesar de las penosas circunstancias de su vida allí consiguieron elaborar pequeños grupos de auto ayuda y defensa. Publicaron también una lista de los españoles muertos en el campo, elaborada por la Amicale Mauthausen (la asociación de ex presos del campo), con documentos incautados a los nazis. Constan miles de personas, junto a su lugar de procedencia y fecha de óbito.

Dicha lista no se puede considerar exhaustiva, ya que según los autores faltan todos los asesinados antes de entrar en Mauthausen, que según el estudio, fueron muy numerosos. El campo de Mauthausen se creó con la única finalidad de dedicarlo al exterminio total.  En él perecieron las dos terceras partes de los deportados españoles.

Más recientemente, la periodista Marián Rebolledo se hacía eco de la lista en un artículo publicado el 7 de mayo de 1995 en el diario Heraldo de Aragón.  El artículo, aunque colaboró a su público conocimiento, no pudo ser exhaustivo puesto que sólo figuran los que se identificaron como aragoneses al llegar al campo, (muchos de los que faltan aparecerán como originarios de Barcelona porque procedían de esta ciudad, aunque habían nacido en Aragón), y en cualquier caso, también faltan algunas personas, omitidas seguramente por error, ya que figuraban en la lista original, que es la que hemos utilizado en este trabajo.

En dichas listas aparecen nombres de antiguos vecinos de Huesa, Loscos, Monforte de Moyuela, Nogueras, Rudilla, Moyuela, Moneva, Blesa y otros pueblos. Hemos recopilado los nombres de los asesinados procedentes de todos los pueblos turolenses de la cuenca alta del Aguasvivas, hasta los pueblos zaragozanos de Herrera de los Navarros, Moyuela y Moneva por el norte.

En la lista original aparecen frecuentes errores de transcripción. Por ejemplo, de los blesinos que figuran, dos de ellos están erróneamente transcritos, así como el único huesino(2).


Procedencia Asesinado Fecha de la muerte
Allueva (T) Blasco Lahoz, Basilio 19/7/41
Anadón (T) Pradas Burriel, Lorenzo 28/1/42
Blesa (T) Balaguer Crespo, Miguel 19/1/43
Blesa (T) Loma Lacasa, Sertorio 30/11/41
Blesa (T) Royo Allueva, Joaquín 14/11/41
Herrera de los Navarros (Z) García Lucia, Pedro 6/11/41
Huesa del Común (T) Gracia Romanci, Miguel 15/1/42
Loscos (T) Andrés Jaulín, Francisco 29/11/41
Loscos (T) Gracia Herrando, Rudesindo 8/11/41
Monforte de Moyuela (T) Esteban Lacasa, Francisco 11/9/41
Moyuela (Z) Aznar Gracia, Antonio 29/9/41
Moyuela (Z) Bernal Navarro, Matías 15/7/41
Moyuela (Z) Bordobada Hueso, Jerónimo 9/11/41
Moyuela (Z) Crespo Bordonada, Joaquín 29/9/41
Moyuela (Z) Cubero Royo, José 24/9/41
Moyuela (Z) Pina Gálvez, Manuel 7/1/42
Moyuela (Z) Soriano Vaquero, Santos 15/10/41
Moyuela (Z) Vaquero Bernal, Joaquín 13/10/41
Moneva (Z) Artal Paracuellos, Aniceto 27/10/41
Plou (T) Lou Ripollés, Joaquín 6/11/41
Rudilla (T) Tello Monterde, Lucas 28/8/41
Salcedillo (T) Martín Boira, Juan 7/8/41
Segura de Baños (T) Alegre Velenguer, Domingo 6/9/41
Segura de Baños (T) Aranda Gimeno, Segundo 18/11/41
Segura de Baños (T) Berenguer Pérez, Luis 20/4/41
Segura de Baños (T) Gadea Valiente, Felipe 24/9/41
Segura de Baños (T) Prats Andreu, Tomás 6/11/41
Villar de los Navarros (Z) Latorre Herrando, Antonio 15/11/41


Todos ellos murieron el kommando de Gusen, una parte separada, dentro del complejo del campo de Mauthausen. Este campo de exterminio fue creado en 1938 como consecuencia de la anexión de Austria al Tercer Reich. A lo largo de la guerra utilizaron a los prisioneros como mano de obra en la construcción del mismo campo, la extracción de piedra en la cantera, e incluso los habitantes de pueblos cercanos para trabajar en sus granjas; muchos fueron víctimas de experimentos médicos. El primer convoy de españoles llegó el 6 de agosto de 1940. De los 12.000 republicanos españoles deportados, 10.000 fueron exterminados, con la connivencia de las autoridades franquistas españolas en varios de los campos existentes, la mayoría en Mauthausen.

Por supuesto esta lista no incluye a todos los españoles que estuvieron en Mauthausen. Un pequeño porcentaje sobrevivió a aquella matanza sistemática. Llama la atención el que, de una zona de Teruel y Zaragoza que ahora tiene tan exigua población, aportara tantos muertos a esta faceta de última guerra mundial. Pero el sentimiento que crece dentro de nosotros por la cercanía de estos muertos nos debe servir para recordar a los millones de personas, de miles de pueblos de toda Europa, que murieron en aquella debacle gratuita, desencadenada por un país civilizado en una época de debilidad.  Sólo tenemos que mirar atrás unas pocas décadas para analizar como comenzó todo. 

José Magallón, superviviente del holocausto, lo sabía porque lo vivió y nos quiso legar una advertencia sobre los actuales grupos a los que se les permite cierta impunidad tanto en sus manifestaciones estéticas como en sus actos delictivos o criminales, ocasionalmente efectuados contra personas, sólo en razón de su aspecto externo o ideología.  Los violentos son la raíz del problema y no su solución.

La historia de los campos no se compone de listas de nombres y cifras de millares de muertos, es un conjunto de millones de tragedias individuales que sin duda merecen ser contadas para dar testimonio de la grandeza y la bajeza de que es capaz el ser humano aun viviendo situaciones al límite.

A continuación podemos leer su testimonio en la excelente entrevista que le realizó el periodista Manuel Curdi en 1995.  Podemos considerarnos afortunados y estarle agradecidos por legarnos a todos parte de la experiencia vital de José Magallón Artigas, conocido familiarmente en Blesa por el apelativo de tío Campana, que murió en 1997.


José Magallón
Superviviente de los campos de exterminio nazis de Mauthausen y Ebensée.
Prisionero entre 1939 y 1945


por Manuel Curdi


José Magallón fue hecho prisionero por el ejército alemán durante el desastre de Dunquerque. Según afirma, no se imaginaba para nada lo que iba a pasar durante los cinco años que permaneció en los campos de exterminio de Mauthausen y Ebensée. Ahora, desde su pueblo natal de Blesa (Teruel) cuenta medio siglo después sus experiencias durante el cautiverio y afirma que los jóvenes que intentan resucitar el nazismo no saben lo que hacen.

José Magallón muestra los papeles de extradición

¿Cómo sobrevivir durante cinco años en campos de exterminio?

- Simplemente ir viviendo y no llamar la atención. Entramos 10.000 españoles y, sin que nadie fuera fusilado, a base de hambre y palizas, sólo salimos 1.800 con vida. (José se encoge de hombros) Tuve suerte, muchísima, y buenos amigos. A los que llevábamos el triángulo azul, que significaba inmigrante, nos trataban mejor. A los republicanos, nos tenían algo de respeto porque decían que habíamos luchado contra el mundo entero.

- El apoyo en una situación así de los demás prisioneros debía ser fundamental.

- Sin los que me ayudaron no estaría vivo. Luego, yo mismo tuve la oportunidad de salvar a otras personas. Sin embargo, en los campos no era todo compañerismo, había mucha gente que sólo pensaba en salvar la pelleja.

- ¿Por ejemplo?

- Los que llamábamos cabos de vara. Eran presos con privilegios que ejercían de vigilantes. A mí me ofrecieron este cargo cuando entré en el campo de Ebensée, pero lo rechacé alegando que no había aprendido el suficiente alemán para entenderme.

- Usted ya llevaba cuatro años prisionero.

- Sí, el jefe de presos que me lo ofreció dijo que era un parrita, que quiere decir tonto. A los pocos días me ofreció un puesto en las cocinas y, claro, acepté. El jefe se me quedó mirando y riéndose me dijo: "Conque para dar palos no sabes alemán y para estar cerca de la comida sí, ¿eh?" La verdad, yo me defendía muy bien, pero tenía claro que no le pegaría a ningún compañero.

- ¿A usted, en cambio, le pegaron alguna vez?

- Sí, recuerdo dos buenas palizas. La primera vez me pillaron dando un plato de comida a un polaco de 14 años. La segunda me acusaron de robar un poco de harina frita y los 25 golpes en el trasero con una vara de alambre forrada de goma no me los quitó nadie. Aquel sargento, Schütz se llamaba, me hizo poner el culo en pito y contar los golpes en alemán. Luego se averiguó que no había sido yo. Schütz me dio la vara y me dijo que le pegara al verdadero culpable. Me negué, pero los rusos del barracón le dieron tal paliza que no volvimos a ver al ladrón.

- ¿Intentaban deshumanizarlos?

- Desde luego, y, a menudo, lo lograban. Para empezar, yo no era José Magallón sino el preso 4.638. Los guardias te trataban peor que un animal, como si no existieras o no merecieras su atención. Eso era casi lo que más dolía. Las mismas reglas del campo te deshumanizaban. Por ejemplo, cada día, en la cantera de Mauthausen, dos judíos escogidos al azar eran enviados a cada uno de los cuatro nidos de ametralladora que nos vigilaban. Los hombres que subían los cadáveres, con los números de preso de los muertos, tenían derecho a su ración de agua sucia y pan del día. Claro, había bofetadas por ese privilegio.

- El que las víctimas fueran escogidas sin ninguna razón aparente sería una fuerte presión psicológica.

- Era algo asumido. Cuando nos cogieron como prisioneros de guerra no podíamos imaginarnos ni remotamente lo que íbamos a pasar. Al final, teníamos un dicho "Heute gut, Morgen kaputt", "hoy bien, mañana muerto". Teníamos asumido que si los aliados no nos liberaban, aquello no lo contábamos. Muchos no podían resistirlo y se tiraban contra la valla electrificada.

- Es duro que un compañero se suicide a fuerza de desesperación.

- Los mismos SS designaban cada día a unos cuantos que esa noche se tenían que ahorcar. Durante todo el día los vigilantes les molían a palizas y a la ahora de comer en lugar de la ración les daban un pedazo de cuerda. Nadie resistía.

- ¿Los oficiales y los vigilantes creían en lo que hacían?

- La mayoría sí, los SS y los Gestapo hacían ciegamente lo que les mandaban y estaban orgullosos de su trabajo. Incluso los mismos criminales alemanes que estaban presos creían en Hitler. Cuando se dieron cuenta de que perdían la guerra, algunos cambiaron y eran más blandos. Sin embargo, dentro de la Wermatch, el ejército regular, había gente diferente. Recuerdo cuando fuimos hechos prisioneros en Dunquerque por una compañía austríaca. Eran personas muy buenas y sencillas. Los de la cantera eran verdaderos demonios.

- El comandante de Ebensée quiso terminar su labor en los últimos días.

- Sí, los prisioneros sabíamos cómo iba la guerra. En el 45, hacía ya mucho tiempo que no nos enseñaban mapas con las últimas conquistas y un joven checo tenía una radio clandestina. El comandante dijo que (José se pone firme en la silla e imita un cortante acento alemán) "lucharemos hasta el último cartucho". Querían meternos en la mina y luego volarla. Nos negamos a entrar, nos apiñamos armados con cuchillos robados en las cocinas y gracias a que la mitad de los oficiales se pusieron en contra de la masacre nos salvamos.

- Ahora mismo, hay jóvenes que intentan recobrar esta ideología. ¿Cree que saben lo que hacen?

- Si esos cabezas rapadas tuvieran idea de lo que pasó en los campos, no actuarían así. A veces, pienso que a lo mejor haría falta cascarles leña para que no vuelva a pasar lo mismo.

- ¿Cómo fue el momento de la liberación?

- De alegría, (José queda callado un momento mirando hacia el vacío). No he llorado más en mi vida. Hacía unos días que los nazis habían huido y el ejército regular no nos maltrataba pero tampoco nos alimentaba porque, la verdad, no tenían comida ni para ellos. Cuando aparecieron los americanos... No sé describirlo, los que mayor impresión se llevaron fueron ellos al ver lo que habíamos pasado y cómo estábamos.

- ¿Cuál fue el peor momento?

- En 1940, estuvieron 7 meses haciendo experimentos médicos con nosotros. No nos daban ni pan, ni sal, ni grasa y nos tenían a trabajos forzados. Cada semana nos pesaban para ver cuánto más podríamos aguantar sin reventar.  Llegué a pesar 48 kilos, mientras mi peso estaba en los 78.

- Estaría irreconocible.

- Y tanto. Recuerdo que otro mozo del pueblo fue capturado a los pocos meses. Un día que estaba en el barracón 16 oí como me llamaban, "José, José, ¿qué haces?" "Aquí estoy largo", le contesté, "pero, ¿quién eres?" "Martín", me dijo. Hay que joderse, no le reconocía: "Pero, tú que has sido siempre tan colorado y tan royo y ahora estás tan blanco, ¿qué te ha pasado?", le pregunté. "Pues anda que si te vieras tú", me dijo, "que pareces la muerte en cueros". (José ríe mientras suelta un juramento que haría enrojecer a un marinero), imagínate lo delgadicos que estábamos.

- ¿Qué se piensa en esos momentos?

- Absolutamente nada. Cuando daban por la noche la orden de silencio o te dormías o hacías planes para coger un trabajo bueno al día siguiente o hacerte con una hoja de col. En salir no se pensaba, en la familia tampoco. En cinco años sólo pude escribir una carta.

- ¿Y el momento en el que más cerca estuvo de ser asesinado?

- No fue un momento sino un buen rato. El cabo de cada barraca era el encargado de guardar el pan. Todas las noches, cuando se apagaban las luces, me levantaba y robaba lo que podía, y, como yo, otros. Una noche, el cabo metió tinta en el pan. Por la mañana me levanté antes que los demás porque un sargento me había encargado algo. Cuando volví todos los que tenían la boca manchada de tinta estaban muertos. A mí, después de pasear por todo el campo marcado con la muerte, me avisó un chico de Calanda. Me hizo estar lavándome hasta que no quedó ni rastro. Hacía falta suerte para sobrevivir.


Manuel Curdi
Blesa (Teruel)

Publicado en El Periódico de Aragón,
el domingo, 24 de septiembre de 1995
(Reproducido con permiso y por gentileza del Periódico de Aragón)



A modo de epílogo.

Para no dejar cabos sueltos en la narración de nuestros protagonistas, Martín al que José mencionaba en una respuesta, que también era de Blesa, y cuyo nombre completo es Martín Pérez Legua, también sobrevivió al holocausto.  Martín murió el pasado 27 de abril de 2000 a los 94 años.  Era, al parecer, el último de los blesinos supervivientes del campo de exterminio de Mauthausen. También guardamos constancia de que otro blesino fue prisionero allí y sobrevivió a la terrible experiencia de los campos de exterminio nazis: Jesús Pérez.

Quien sabe cuántos hombres de nuestros pueblos sobrevivieron al holocausto, y si quedarán otros que nos puedan narrar sus experiencias antes de que estas mueran con ellos. La labor de recopilación de sus nombres y sus recuerdos es sin duda una de las labores que las asociaciones culturales deberían emprender con urgencia.

El campo de exterminio de Mauthausen aún se conserva aunque no en toda su magnitud y puede visitarse. Quienes lo han visitado cuentan que no es posible hacerlo con la indiferencia del turista, que no pueden abstraerse al recuerdo de lo que allí ocurrió, la muerte que impregna aquellos lugares, la frialdad de sus muros y suelos empedrados en gris, los pocos barracones conservados, las fotografías de los prisioneros tomadas por los propios SS, los monumentos levantados por muchos países en la antigua cantera, los relatos que oyes en la visita, la contemplación de los hornos crematorios con que lindaban los barracones... los artículos elaborados con la piel de los cadáveres; una lección para la humanidad y para que cada uno de nosotros sepa reconocer el destino que nos deparan los proclamadores de las espurias purezas raciales, religiosas o políticas.


Para saber más

"Triángulo azul: los republicanos españoles en Mauthausen, 1940-1945", por Manuel Razola, Mariano Constante Campo; con la colaboración de Patricio Serrano.  Barcelona: Península, 1979 (330 p.). Colección: Ediciones de Bolsillo; 544: Opinión e Informe.
Este libro es muy difícil de encontrar y esperemos que algún día se reedite con las correcciones apuntadas.

En Internet dispone de una página personal dedicada a recopilar artículos sobre la guerra y los testimonios de los prisioneros en campos de concentración, entre otros asuntos en:
www.ctv.es/USERS/ceibm


Notas

 
1.- A pesar de su avanzada edad ofrece numerosas conferencias y contesta a la correspondencia que recibe como uno de los responsables de la la asociación de ex-prisioneros "Amical Mauthausen".

2.- Según corrigió el vecino de Blesa, Tomás Sanz, los nombres de los blesinos son los que hemos escrito arriba, en lugar de los siguientes que aparecían incorrectos en la lista publicada en el libro:
    Miguel Belenguer Crespo en lugar de Miguel Balaguer Crespo
    Sertorio Lomba Lacasa en lugar de Sertorio Loma Lacasa
También nos corrigió el nombre de un huesino que aparece en la lista del artículo de Heraldo:
    Miguel Gracia Romance en lugar de Miguel Gracia Romanci.

Última actualización: 12 de enero de 2002